Por: Joel Trujillo González

 

Esposa de Don Félix Álvarez, Doña Lolita Rico de Álvarez, abrió las puertas de su casa, corazón y de su historia para Aquí Magazine, ella al igual que otros hombres y mujeres vieron nacer al Valle de Santo Domingo y lucharon cuerpo a cuerpo para forjar un vergel agrícola que aportó en demasía al estado en los tiempos de bonanza. Aquí su historia.

San Martín Hidalgo Jalisco la vio nacer un seis de marzo de 1914 a las dos de la tarde, sus padres Feliciano Rico Ceballos y María Zarate Zepeda. Su infancia la recuerda de manera feliz en condiciones de pobreza. “Fui una niña muy querida de mis padres, siempre fueron amorosos, no eran intelectuales pero eran obligados y responsables de sus hijos”. Recuerda que su papá no sabía escribir pero tenía una inteligencia dada por Dios. “Nosotros lo enseñamos a poner su nombre, cuando mi papá regresaba de trabajar y cenaba mis hermanos Manuel, Concha, Felicitas y yo nos rodeábamos de él para que nos contara sus historias”.

Conoció a un hombre mayor de 46 años que vivía en frente de su casa, ella entonces tenía 32 años. Después de vivir un noviazgo fundado en el respeto deciden casarse hasta la muerte.
“Mi esposo vino al Valle para ver unas tierras, al ver el abundante agua se enamoró de todo y decidió venirse después de la invitación que le hizo Agustín Olachea Avilés, entonces gobernador del territorio, originalmente se vendría solo pero yo no quise y me vine con mis cuatro hijos pequeños Antonio, Tere, Esthela y Javier. Mi esposo decía que aquí estaba la gloria y decidí vivirla yo también”. De ésta manera empieza a escribirse una historia que más adelante se convertiría en dolorosa y triunfadora.

Salieron de San Martín Hidalgo Jalisco el 22 de septiembre de 1951, no venían solos, ya que con ellos vinieron habitantes de La Labor de Medina. “Veníamos en trocas de carga, salimos a las cinco de la mañana y llegamos a La Paz hasta al día siguiente a las tres de la mañana”. Llegaron al Valle de Santo Domingo el seis de octubre del mismo año a las diez de la mañana. “Recuerdo que llegamos cerca de un pozo de agua, pero no la podíamos tomar porque estaba invadido de animales y el agua de consumo la llevaban desde María Auxiliadora, nos estacionamos en ese rancho”. Platica que después se formó la Colonia Fernando de la Toba, con la presencia de más familias que llegaron en búsqueda de mejores condiciones de vida. “Paulino Maya, Salvador González, Félix Álvarez y Alberto Ochoa forman parte de los primeros fundadores del Valle de Santo Domingo. Ahora se nombran fundadores todos, pero ya llegaron con el plato servido”.

A palabra expresa de nuestra entrevistada, las únicas casas que existían en el tramo La Paz-Constitución eran el 77, Santa Fé y El Refugio. En el lote número cinco de la colonia Álvarez se instaló el primer pozo, era para todos. “Nuestra intención era que esa colina se llamara Colonia del Carmen, pero los habitantes quisieron que llevara el apellido de su fundador”.

A puro machete y hacha se desmontó la zona. Vivían en casa de petate y palma, como fundadores trataban de dar lo mejor a los habitantes de la colonia. “Mi esposo iba hasta La Paz a la casa Rufo a surtirse de alimentos, los cuales eran repartidos entre las familias que vivían en la colonia Álvarez, se repartía equitativamente”.

 
 

“Como mujer cumplí, no defraudé a nadie y no les pedí nada, me ayudaban personas amigas de mi
esposo y si tengo que agradecerle a alguien es a todos ellos, el deber cumplido da satisfacción”.

 

Una tragedia estaba por venir y los tomaría de sorpresa. Después de vivir ocho años de esfuerzos compartidos, viene la muerte del colonizador, amigo y esposo de Doña Lolita Álvarez. Don Félix Álvarez murió de una embolia y no se le pudo salvar la vida, después de 12 horas de distancia para llegar a La Paz vía brecha, murió en pleno ciclón del año de 1959. “Me quede sola con cinco hijos, sin recursos ni nada, con una deuda de 75,000 pesos al banco, mi madre y mi hermano vinieron por mi, pero mi hijo Antonio de tan solo doce años quiso quedarse para sacar adelante el esfuerzo de su padre y yo no lo quise dejar solo”. Félix Álvarez dejó a una familia desamparada, tres pozos y familias acomodadas para iniciar nuevos proyectos de vida. Los pozos quedaron al frente de Margarito Medina, Juan Orizaba, Jesús Núñez y Abelino Díaz. “Estábamos acomodados pero no legalizados, no teníamos nada”. Después de una condonación de adeudos impuesta por Bonifacio Salinas Leal, pudo empezar abonar a su deuda. “Después de que el general Olachea murió, Bonifacio Salinas nos visitó y dijo que no era posible que viviéramos en esas condiciones y nos ayudó para sembrar”.

Con el apoyo del gobierno de ese entonces, las cosas empezaban a cambiar para Doña Lolita Rico de Álvarez, ya que se separó de la sociedad con los otros colonos y pudo desarrollar sus propias siembras de algodón y con ello tener ingresos propios. “Así pasó el tiempo, trabajamos mucho y Dios me ayudó a salir adelante”.

Sin embargo el cariño de sus hijos la sacó adelante, y un compañero eterno ha sido su hijo Javier. (Con lágrimas en los ojos nos dice) “Javier ha vivido conmigo todos los sufrimientos y mis lágrimas, hasta la fecha porque vive a un lado de mi casa, recuerdo con mucha emoción cuando me abrazó y me dijo: “Mamá, usted y yo juntos hasta la muerte”. “Mi hijo llegaba de la escuela y se trepaba arriba del techo de palma para ver en que surco andaba para irse conmigo y me ayudaba a taponear los surcos de tierra”. “Vendí huevos, engordábamos puercos para poder sacar adelante a mis hijos que estudiaban”.

Doña Lolita se iba a la pizca, sus hijos se iban a la escuela, por lo tanto su hija Tere a corta edad se hacía responsable de asistir a los piscadores que abonaban en su casa en la época algodonera. “Mi hija me mandaba mi lonche a donde andaba trabajando”.

Asegura que la felicidad no existe en la tierra porque es Dios quien da la felicidad eterna. Después de todos esos años de esfuerzos y sacrificios decide irse a vivir a Cd. Constitución en 1973. Ahí encontraría otra de sus tragedias vividas. En un lamentable accidente su hijo Antonio Álvarez Rico pierde la vida en el tramo Constitución-La Paz, debido a la imprudencia de unos inconscientes alcoholizados. Hoy una de las calles de La Paz lleva su nombre.

“Dios nos dio licencia de venir y forjar al Valle de Santo Domingo, me da gusto ver como prospera y también me duele verlo tan lento, pero para Dios no hay imposibles”, asegura.

¿Qué pasaría si tuviera que volver a vivir esta vida?
“Si esa es la voluntad de Dios la volvería a vivir con gusto”.

Indudablemente la vida de una mujer que dio todo por sus hijos y por esta tierra no se puede escribir tan fácilmente, aquí quedó expresado algo de lo mucho que ella compartió en Una Historia que Contar.

Con 18 nietos, 21 bisnietos y un tataranieto hoy vive tranquila y contenta con lo logrado. Gusta de ir a dar gracias a Dios a las misas que se ofrecen en la iglesia cerca de su casa. “Como mujer cumplí, no defraudé a nadie y no les pedí nada, me ayudaban personas amigas de mi esposo y si tengo que agradecerle a alguien es a todos ellos, el deber cumplido da satisfacción”. Finalizó.

 

“Me quedé sola con cinco hijos, sin recursos ni nada, con una deuda de 75,000 pesos
al banco, mi madre y mi hermano vinieron por mi, pero mi hijo Antonio de tan solo doce años quiso
quedarse para sacar adelante el esfuerzo de su padre y yo no lo quise dejar solo”.

 
 

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