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Hace más de
cincuenta años un joven médico que desde entonces reflejaba el
ímpetu de su juventud, con entereza, dinámica y fortaleza
expresó entre otras reflexiones lo siguiente: “Ser médico es
postergar lo propio, desde lo familiar y las ambiciones del
cuerpo y del alma de uno mismo. Damos las esperanzas que nos
faltan; a veces prodigamos los cuidados que más de una vez
necesitamos. Nos tragamos las angustias que muchos no sienten.
Esta angustia como la que experimenta el cirujano, es aún mayor
que la de los familiares mismos, porque se tiene la responsabilidad
de una vida que ha sido entregada ciegamente; el choque y el
tremendo esfuerzo que tiene que hacerse cuando desgraciadamente
hay que responder con palabras de condolencias a esa con-fianza;
tiene forzosa-mente que minar el sistema nervioso y la psiquis
del médico y ese trauma a su organismo no puede ser pagado por
ningún dinero.
Es tan sólo uno de los elementos de entrega que el médico hace
al elegir la más humana de las profesiones para el hombre
mismo”.
Ese joven de filosofía sencilla, práctica congruente con la
realidad sin barrera de tiempo y con una desbordante
sensibilidad es José Santa Ana Piñeda. La puerta de su
consultorio se entre abre, la sonrisa dibujada en su rostro da
la bienvenida. Un escritorio que ha permanecido con él por más
de cincuenta años, su silla, una pared repleta de
reconocimientos, todos ellos alineados de manera precisa, de
fondo, una pieza operística que crea una atmósfera única.
Libros, tecnología fusionada con historia, retratos de su
hermosa familia y sus adorados nietos. “Si, dime” son las
palabras claves que dan el punto de partida para conocer más del
humano, del profesional y del hombre. Aquí la historia.
Su niñez en Todos Santos, sus padres.
Bueno la niñez varía dependiendo de la época que vives. La mía
fue feliz porque la viví en Todos Santos donde cursé la
primaria. Crecí entre huertas, molinos y trapiches donde hacían
el piloncillo, hay que recordar que Todos Santos era un pueblo
agrícola. No recuerdo que gobernador construyó al pueblo una
pila a la orilla del arroyo que cruza el pueblo. Mi mamá y mi
papá tocaban el piano, crecimos escuchando su música porque
entonces no oíamos la radio. Estudié la primaria en la Escuela
Melitón Albañez. Fue hasta los trece años en 1943 que me vine a
La Paz a estudiar en la Secundaria José María Morelos y Pavón,
en ese entonces estaba donde se ubicó el Cinema La Paz.
Mi papá José Santa Ana Villarino, se dedicaba a la agricultura.
Era amoroso de su casa y alegre. Todo lo que los hijos
necesitaban, el estaba dispuesto a conseguírselos sin pasar a lo
exagerado. Mi mamá Stella, era hija del poeta y contador de la
Casa González Filemón C. Piñeda, ella estudio inglés en Estados
Unidos en el colegio Sagrado Corazón, ahí se acercó al arte,
principalmente en la pintura. Cuando se dio la expropiación de
la tierra con Lázaro Cárdenas, se vinieron épocas muy duras, mi
madre entonces tuvo que trabajar porque perdimos todo, fue
habilitada como educadora, hoy el jardín de niños de Todos
Santos lleva su nombre. Mi mamá fue el motor para que
estudiáramos. Después me fui a Hermosillo para hacer la prepa y
posteriormente a la profesional.
¿Cómo supo que iba estudiar medicina?
Entre risas comenta. Recuerdo que siempre en navidad pedía
estetoscopios y material médico de juguete, entonces por ahí se
despertó mi interés porque siempre soñé que sería doctor y claro
especializado en cardiología. Recuerdo también que junto con mi
hermana Norma le hacíamos unos agujeros a los troncos de los
platanares del patio de la casa, después hacíamos un menjurje de
lodo y ramas y se lo poníamos con un vendaje, yo cada tercer día
le sacaba todo y suponía que le hacía una curación.
Afortunadamente mi familia lo fomentó.
Inicia y termina sus estudios profesionales en la Facultad de
Medicina de la Universidad Autónoma de México. Realiza su
internado en Pregrado en el Hospital General de México y durante
1954 desarrolla su servicio social en el Hospital Juan María de
Salvatierra de la ciudad de La Paz, en el original y antiguo
edificio de la calle Madero.
¿Se especializó en cardiología
inmediatamente?
Después de que terminé la carrera me vine a La Paz, entonces
como gobernador el General Olachea me invitó a que me fuera a
Santa Rosalía a suplir a los médicos que salieron después de la
quiebra del Boleo, iba por tres meses, ya que había conseguido
una beca para ir a realizar mi residencia a Tennesse pero el
destino convirtió esos tres meses en diez años. Yo no quería
regresarme a La Paz como médico solamente, sino que deseaba
especializarme en cardiología y así lo hice, después de Santa
Rosalía me regresé a México y posteriormente regresé a este
bello puerto como cardiólogo.
En la década que permaneció en Santa Rosalía se desempeñó como
un médico que bien hacia de cirujano, ginecobstetra,
traumatólogo, internista, pediatra, le entraba también a las
intervenciones quirúrgicas, a la reducción de fracturas,
apendicectomías, hernioplastías, amigdalectomías. También
enfrentarse a la anestesiología rústica de la época, donde se
aplicaba al paciente una máscara tipo buzo en la que se vertía
éter, con las consecuentes limitantes que el método ofrecía, en
donde se corría el riesgo de terminar anestesiados el médico y
el paciente.
¿Cómo incursiona al Club Rotario y que
representó entregarle toda una vida al Rotarismo Internacional?
Fue en Santa Rosalía en abril de 1955. En el 2005 me ofrecieron
un homenaje por los cincuenta años como Rotario. Representó toda
una experiencia de vida, la filosofía del Rotario se engloba en
dos grandes frases que he aplicado en mi vida “Dar de sí antes
de pensar en sí” y “Se beneficia más el que mejor sirve”. Todo
lo que aquí se hace es en beneficio de las personas que
conforman una sociedad. Definitivamente el Club Rotario marcó
una huella imborrable en mi vida. Decidí retirarme a los
cincuenta años como Socio Honorario.
¿Dónde conoce a la que hoy es su
esposa? ¿Cuándo se casa?
María Luisa Estrada Ruibal, mi mujer ahora, fue la primera
química establecida en La Paz, a ella la conocí en la
adolescencia, habíamos sido novios, pero el estudio nos separó,
sin embargo cuando yo regresé de México a Santa Rosalía, ella
tenía establecido su laboratorio y le mandaba muestras de
excremento, sangre y orina para que las analizara. Yo ahora le
digo el excremento y la orina fueron el medio para reavivar
nuestro noviazgo. Nos comunicábamos con radio-teléfono y de
manera oficial en las oficinas de gobierno a través de una
solicitud por escrito. Nos casamos en 1960, ella cuidaba
entonces a su mamá y la condición para que se casara conmigo era
que tenía que trabajar para sostenerla. Para 1968 ya en La Paz
nos establecemos con el laboratorio y el consultorio
especializado en cardiología aquí donde nos encontramos hoy.
¿Cuándo llegan las gemelas a su vida?
En un período de dos años, cuando aún estábamos en México.
Después de varios abortos y operaciones que mi esposa tuvo que
sufrir, por fin llegaron nuestras gemelas Beatriz Eugenia y
Martha Isabel. |
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Además de la cardiología. ¿Cuáles son
sus pasiones?
Indiscutiblemente la música universal. Bien puedo escuchar
mariachi, rock, clásica y ópera. Además de esto pues la lectura
y los viajes, me apasionan demasiado. He tenido la fortuna de
viajar por todo el mundo.
Estoy viendo aquí en su consultorio una
amplia colección de carritos. Háblenos de ella.
Originalmente ahí estaban los libros, pero se fueron haciendo
viejos y obsoletos, me dije “no vuelvo a poner libros porque va
pasar lo mismo, además estando aquí en el consultorio no puedo
leer” así que puse un carrito que ya tenía en casa y bueno como
te puedes dar cuenta ya tuvo fin y es que las colecciones deben
ser finitas porque si no al rato tu estas afuera. En mi casa
tenemos colecciones de tazas, mi música y cucharas.
La vida del Dr. Santa Ana representa un mosaico donde se mezclan
vivencias, experiencias, cualidades, avances y logros
profesionales, académicos, científicos, culturales y humanos;
que se han visto reforzados por una vasta cultura general que ha
adquirido en sus recorridos por distintos países del mundo. Su
afición por los viajes se remonta desde 1968, y le han dado la
oportunidad de visitar en siete ocasiones el continente europeo,
incluyendo Rusia y la zona de los Balcanes, así como el
continente asiático en visitas a China, también a la India,
Sudáfrica, Hawai, Canadá y Alaska.
¿Cuál viaje es el que más le ha
impresionado?
Fue en San Petersburgo. Me impresionó su historia, su arte, su
música, la literatura. Una ciudad que fue planeada milímetro a
milímetro para ser bella. Su legado es inigualable, los
palacios, el museo Hermitage con todas sus obras que van desde
Leonardo da Vinci, Michelangelo, Rafael, Titán, Monet, Pissarro,
Matisse y Van Gogh. Este museo tiene 12 kilómetros de
exposición, lo que lo convierte en el más grande del mundo. En
materia de música tengo de toda, eso si, separada la clásica.
Tengo discos de pasta y un brazo con piezas únicas para tocarlos
y claro hoy que la ventaja tecnológica nos alcanza, tengo una
gran variedad de cds y mp3.
Doctor, un día que usted no tiene que
venir a trabajar. ¿Cómo es?
Me refugio en la oficina que tengo en mi casa, es un área a la
que solo entro yo, (entre risas comenta) “cuando van mis nietos
le echo llave”. Ahí tengo mi música, mis libros de pintura,
tengo mi equipo de dvd con un home theatre donde veo mis
películas. También es un espacio espiritual y anatómico porque
si me da sueño me duermo, entonces este espacio es un remanso de
paz y cultura. También de repente vamos a Todos Santos o a Los
Cabos. Y bueno me pongo a hacer ejercicio en una banda con
polainas y pesas. Y ya en la noche mi esposa y yo nos ponemos a
ver una película o a ver noticias que la verdad nos gusta mucho.
Oiga Doctor. ¿Qué le hace palpitar
fuerte su corazón?
Sin lugar a dudas esta pregunta tiene muchas acepciones. Me hace
palpitar mi corazón de manera intensa, en primer lugar mis
nietos, Miguel, Paulina, Ana Paula, María José, José Ignacio e
Isabela a los cuales adoro y a los que siempre trato de mostrar
que soy un abuelo amoroso. Y por supuesto que en las aficiones
la ópera me cimbra el cuerpo. Esas grandes piezas como las de
Turandot y Pavarotti, que desgraciadamente ya no está
físicamente, pero que dejó un legado musical de impresionante
magnitud. Me ha hecho vibrar el estar frente a grandes piezas
como la Gioconda o Monalisa de Da Vinci. Uno vibra ante lo que
uno tiene afición o ante lo desconocido. Soy muy sensible, yo
por ejemplo escucho una buena pieza de ópera y lloro. Es
emocionante cuando algo excelso te transmite emociones.
¿Qué le gusta comer?
Siempre estoy de dieta. Mi señora y yo comemos de todo, pero
nada grasoso, pescado, pollo, carne, verdura y fruta. Por
ejemplo cuando voy de viaje como de todo, porque me gusta probar
lo representativo de cada país. Hoy tengo una colitis, así que
no como picante. Las cocineras que hemos tenido en casa son
excelentes y han entendido el estilo que comemos. Por ejemplo
desayuno un yogurt con un pan tostado y queso cotagge, una
comida con sus tres tiempos y una cena muy ligera como el
desayuno.
¿Y le gusta la fiesta?
¡Claro! Cuando hice la casa pensé en hacer una barra grande con
diez bancos y así está. Por ejemplo mi amigo Carlos Estrada
decía que la barra de mi casa era la mejor cantina de La Paz
porque tenía muy buena botana, muy buena música y muy buena
compañía.
¿Quiénes son sus amigos?
Bueno pues en las buenas épocas éramos los doctores Vallarino,
que era ginecólogo a quien le decíamos “Barrilino” al pediatra
Carlos Estrada le decíamos “Carlitros” al doctor Anzaldo lo
bautizamos como “Anzauza” y a mi me pusieron el “Bacardiólogo”.
De todos estos reconocimientos que
inundan su consultorio. ¿Cuál es el más importante?
Todos tienen importancia. Por ejemplo tengo uno de Rotary
Internacional que incluía una medalla. Pero en especial, una
enfermera me entregó un reconocimiento que incluye la iniciativa
de enfermeras que trabajaban en el Hospital Salvatierra cuando
yo era director.
¿Y el reconocimiento que le da la gente
cómo lo valora?
Bueno pues es más especial. Siempre he sido amable y sencillo,
los pacientes vienen con interrogantes si lo que traen tienen
solución o si es mortal. Muchos de mis pacientes han crecido
conmigo en todos estos años, ya son como parte de mi familia.
Pienso que el paciente te sigue por el trato y la atención que
se le da. Pero antes que otra cosa eres médico, porque como tal
la medicina es un arte científico. “Comprendemos que el servir
es el complemento de vivir”.
¿Qué es lo que más le ha dolido en la
vida?
En primer lugar la muerte de mis padres. Mi madre como una mujer
valiente que se supo sobreponer a todas las adversidades de la
vida, ella fue la que dejo todo por sus hijos. Su muerte fue muy
dolorosa, porque encerraba valores muy importantes. Nunca te
sobrepones. Y bueno me duele también cuando se muere un
paciente, porque como te digo se convierten en una parte de tí.
Soy muy llorón y sensible y me afecta bastante, es triste ver
que a pesar de todo el intento que haces por aligerarle su
carga, al final de cuentas terminan muriendo. Básicamente eso es
lo que más me ha dolido, pero así es la ley de la vida.
Preguntas rápidas.
¿La Paz?
Quietud, evolución, ciudad de valores, cariño.
¿Cardiología?
Un sueño logrado a base de esfuerzo.
¿Su corazón?
Me tiene con vida.
¿Sus gemelas Beatriz y Martha?
Un cariño entrañable. Buenas esposas y buenas madres. Un
orgullo.
¿Club Rotario?
Una parte imprescindible de mi vida.
¿Santa Rosalía?
La tierra que me hizo médico.
¿María Luisa?
Mi media naranja. Amor y juez severa por patrones de ética.
¿Todos Santos?
Mis inicios, mi nacimiento, un legado.
¿Su padre José Santa Ana?
Ético, de principios, amoroso, sostén moral y espiritual.
¿Stella Piñeda?
Pilar familiar. Guía material y espiritual.
¿José Santa Ana Piñeda?
Aquí me tienes con 77 años encima. He cumplido como hijo,
esposo, padre, médico y ciudadano. Tengo muchos amigos
afortunadamente y una vida trazada y realizada.
El Doctor Santa Ana inyecta vida, energía y empuje para derribar
cualquier obstáculo. Es loable ver a una persona como él que ya
trascendió en su comunidad, seguir tan activo como si fuera el
primer día de su profesión. En el amplio camino recorrido se le
tiene garantizado un merecido espacio en el devenir histórico de
la medicina en la entidad y lo hace acreedor al reconocimiento
de la sociedad sudcaliforniana como una autoridad moral que se
adquiere a través de los años con esfuerzo y tenacidad.
Autoridad moral, no conferida que se ha ganado a pulso de por
vida y con toda seguridad seguirá alimentando cotidianamente
como ciudadano, médico, compañero y amigo. |
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